«La semana del Mirtilo»: relatos & recetas con sabor a dulzura veraniega

Está llegando a su fin lo que para mí es la encarnación del verano: «la semana anual del Mirtilo (Arándano azul; Vaccinium myrtillus)» con un día de preparar el material para la cosecha y la casa para la posterior conservación de las bayas; un día de recolección de bayas entre los Pinos que rodean los vastos brezales en las afueras de la ciudad; un día dedicado a seleccionar y limpiar los varios kilos de bayas traídos de vuelta a casa, congelar algunas, exprimir jugo fresco y congelarlo también, y finalmente preparar y conservar el sabor de la dulzura veraniega en forma de mermelada … con azúcar, limón y paciencia, sin todos los extras sintéticos a la venta hoy en día.

(Recetas abajo. Con la cosecha silvestre, siempre tener cuidado de solo coger las bayas más alejadas del suelo y calentar al vapor antes de comer/congelar, o conservar en prepraciones cocidas: riesgo de tenia del zorro.)

Entre Pinos y Mirtilos se despierta la niña de verano…

«La medicina de les niñes de verano es una medicina poderosa de la que se necesita una buena dosis en estos días. Porque les niñes y nuestres niñes interiores se mueren de hambre y se enfrentan a una sequía exigente. Porque hay tan poco permiso y apenas espacio o tiempo para vivir el sur. La niña salvaje del verano debería ser sensata. Quizás se avergüence cuando se mete y juega sola, sin acción inteligente ni utilizable. Quiero honrar su fuerza y medicina y rehabilitarlas. Aporta alegría, curiosidad, es una exploradora juguetona, y tiene una amiga poderosa: la payasa. Y le da a la reina la ligereza. Algo que se necesita mucho en este momento. Lo principal es que no nos de vergüenza. Amarnos sería aún mejor. Nuestra niña de verano quiere ser animada y empoderada. Tiene algo precioso que dar y se merece respeto. Si la escuchamos y confiamos en ella, si la seguimos, la dejamos jugar y cometer errores, entonces nos llevará al sur, al verano, con su dulce medicina…»

«Permitir que a sensualidad de la tierra entre en nosotras, seguir la estrella guía de la alegría de vivir, la medicina que captura la risa de las tormentas, celebrar el ser humano en su ser tocable, y percibiéndonos como seres físicos. Dejarnos empapar con el poder de la tierra y (re)conocernos como parte de su sueño vívido. Soñarnos en este sueño de la tierra. La tierra que nos habla de nuestra pertenencia, de la posibilidad de una conexión muy viva, animada y hermosa. La tierra que nos hace sentir nuestro lugar y que habla de que sí, deberíamos estar aquí en esta tierra.”

– Fragmentos traducidos de Cambra Skadé: Sommerkinder-Medizin & Erde, Körper, Menschsein
DE VUELTA EN CASA: preparación y conservación de la cosecha

Este año, 2 kg de mirtilos acabaron en la olla de cobre, para cocinarse a fuego medio-alto, añadiendo 120 ml de agua y 500 g de azúcar y removiendo la masa constantemente hasta que el líquido cubra completamente las bayas. Entonces, separo las bayas con un colador y las guardo en un plato, mientras sigo cocinando el líquido en la olla hasta que se reduzca a la mitad.

[Siempre separo un par de cucharones del líquido y de las bayas hervidas para, por la noche, disfrutar de la primera sopa de mirtilo del año. Receta abajo.]

Meto un platito al congelador.

Cuando el líquido se haya reducido a la mitad, vuelvo a poner las bayas en la olla junto con la ralladura de la piel de un limón sin tratar y el jugo de dos limones, que añade acidez, sirve como conservante, evita la oxidación y la cristalización del azúcar. Cocinar a fuego lento-medio hasta que cuaje.

Para lograr una mermelada con la consistencia deseada, «el pegamento del mundo vegetal» – la pectinajuega un papel fundamental. La pectina es una fibra que se encuentra de forma natural en las frutas como el Membrillo y la Manzana. También los Mirtilos contienen mucha pectina, por lo que son frutos ideales para hacer mermeladas porque se gelifican muy bien.

Saco el platito del congelador para hacer la prueba: pongo una cucharada de mermelada en el plato bien frío y la dejo enfriar durante medio minuto. Muevo el plato ver si la mermelada se pega o si todavía está demasiado líquida. Puedes pasar el dedo por encima de la mermelada y si se hacen arrugar en la superficie, la mermelada está lista. Si no, hay que continnuar cociendo y volver a probar nuevamente.

ENVASAR

Antes de comenzar con el proceso de cocinar la mermelada, limpié a fondo unos cuantos frascos pequeños con cierre hermético, luego los herví cubiertos de agua durante 12-15 min. para esterilizarlos y los dejé a un lado para que se secasen con la abertura hacia abajo sobre toaallas limpias. Ahora me pongo guantes limpios de algodón o desechables y lleno los frascos con la mermelada aún caliente (el borde de los frascos debe quedar limpio), los cierro bien y los pongo de vuelta boca abajo sobre las toallas para que se enfríen.

Si quieres, para asegurarte de que no se forme moho en las tapas de los frascos de mermelada, puedes colocar azúcar en la tapa con el fin de crear una cama de azúcar. Luego los frascos se guardan en un lugar oscuro y fresco, en mi casa hasta que me llame el sabor de la dulzura veraniega cuando llegan los días lluviosos de otoño y el frío de un largo invierno…

Para el invierno también congelo bayas enteras y jugo exprimido para preparar bebidas calientes y

Durante un fin de semana de agosto de cada año, compartimos muchas más historias, prácticas y recetas con frutos del bosque y bayas de verano en el taller MARUJAS, EXQUISITAS & FEMINISTAS EN VERANO con relatos conectados a las bayas, información sobre el uso medicinal de Frambuesas, Moras, Grosellas, Arándanos…, cantes y tintes vegetales.

Los des_aprendizajes más importantes tanto de la enfermedad crónica como de la Herbolaria Experiencial para mí tienen que ver con: la lentitud y la apreciación de la repetición que conllevan la alegría anticipada. Llevo un buen tiempo ya esperando con muchas ganas el mes de agosto, con el que llega el momento de la cosecha anual de Mirtilos y Moras & con ella, otra edición del picnic virtual que abre el taller veraniego de las marujas en LA ALKIMILA. Y hay otro des_aprendizaje en lo crónico y las prácticas de maruja-hierbatera: la importancia de lo doméstico, de lo cotidiano y la preparación para los «malos tiempos». Aprovechar los días buenos para precocinar comida para los días malos forma parte de mi vida cotidiana y crea una conexión (al menos narrativa) con las prácticas ancestrales de conservar la cosecha de verano para el invierno. El segundo día del taller, llevamos las bayas y frutos del bosque a la cocina para preparar y conservar juntas mermeladas bajas en azúcar, mientras intercambiamos saberes sobre otras y más antiguas formas de conservar los alimentos frescos: congelación, deshidratación/secado, fermentación…

Preparando el picnic virtual de LA ALKIMILA, me acompaña una de las preguntas clave de la Herbolaria Experiencial: «¿De dónde vienen mis (prácticas con) plantas y por qué importa? Recoger bayas (en cantidad), aunque me entretenga, es un trabajo duro. ¿Quizás, más que en celebrar Fresas, Frambuesas y Mirtilos como regalos de la tierra, te hacen pensar en los largos meses currando en la vendimia? Tanto la cosecha comercial silvestre como de bayas de cultivo, se realiza en los más distintos países bajo condiciones laborales que poco tienen que ver con la idea romántica de conexiones brujescas con la naturaleza. Al comprar un cuenco de bayas para nuestro picnic virtual, a ver cuántos frutos encontramos en las tiendas, que estén libres de explotación laboral, acoso sexual y racista.

No todo lo que brilla es oro. No todo lo natural es saludable. No todas las conexiones con plantas son sanadoras de por sí. La Herbolaria Experiencial es placer y duelo, recuperación de saberes ancestrales y confrontación con la actualidad, «natural» y «tóxica». Mientras espero durante todo el año ese mes de verano en el que logro recolectar justo los suficientes mirtilos (Vaccinium myrtillus), para preparar unos botes de mermelada, todas las semanas compro bayas congeladas, selladas con sello ecológico. Una nutricionista ha puesto las pequeñas bayas azules en mi menú diario por motivos médicos: antioxidantes para el cuerpo crónicamente inflamado. «Mirtilos silvestres en calidad orgánica» está escrito en el cartón. Solo en la letra pequeña se menciona: «de agricultura fuera de la UE». Solo a veces se marca específicamente el país de origen, por lo general: Ucrania, nuevo mercado de bayas con gran potencial.

“La cantidad de frutas y bayas que se envían de Ucrania a Italia, los Países Bajos, la República Checa y Azerbaiyán de enero a junio de 2020 fue de alrededor de 4 millones $ a cada uno de los países. Las exportaciones a Alemania subieron a 7 millones de dólares, … aprox. 17.000 toneladas.”
– proagro.com

Empiezo a dudar de la intención medicinal de incluir mirtilos congelados en el yogur de mi desayuno diario. Sigo haciéndolo, hoy en día difícilmente puedo prescindir de esta sabrosa medicina que tanto me conecta a este lugar geográfico. Ahora se ha añadido una nueva dimensión, una nueva conexión a (través de) las bayas que trasciende el espacio y el tiempo. A través de las bayas mi cuerpo está conectado al legado del desastre nuclear de Chernóbil. Fue en Suiza, donde el mirtilo ha sido objeto de un minucioso escrutinio: “Su destino está íntimamente ligado al de la grosella negra. Este enredo de las dos bayas comenzó hace 21 años cuando un reactor estalló en la planta de energía nuclear de Chernóbil causando una nube radiactiva. El mirtilo tiene ahora la desagradable costumbre de ser particularmente ávida en absorber sustancias radiactivas.

El suelo del bosque favorece la absorción de sustancias radiactivas y por supuesto no solo en la propia Ucrania. Las pruebas rutinarias muestran repetidamente que también los suelos y las bayas en Alemania o en Escandinavia continúan irradiando radiactivamente. Un detalle importante que no me frena a divertirme con la cosecha de verano, pero sí a seguir pensando en categorías mutuamente excluyentes como «natural» y «tóxico», que se difuminan en las propias bayas. La radiactividad no es un criterio para el sello ecológico.

Tenemos algo en común las bayas silvestres que como cada mañana desde que las médicas y nutricionistas me lo aconsejaron y yo: contenemos el legado de Chernóbil en nuestros cuerpos. A través de las bayas mi cuerpo está conectado a los frutos, los suelos y los cuerpos humanos que viven a miles de kilómetros de aquí, aunque no sin una gran diferencia que crea justo esta distancia al lugar del desastre radiactivo.

Conexiones a (través de) las bayas a tomar en cuenta cuando en agosto compartimos la cosecha en un acuerpamiento a través de la pantalla.
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